Un fragmento del libro...

Vengo desde muy lejos, de un lugar tan lejano que ni siquiera viene en los mapas. Y vengo para contaros esta historia que es tan increíble, como cierta. Veréis.
 
Cuentan los cuentos que cuentan que Todo nació del Amor:
 
Más allá del tiempo y el espacio imaginable, en los albores del Universo que hoy conocemos, habitaban dos triángulos, uno masculino y otro femenino, cuyo destino era unirse.
Desgraciadamente eran tales las dimensiones de aquel entorno infinito que sus posibilidades de encuentro eran ciertamente improbables.
 
Ambos vagaban a la deriva en un desesperado deambular por una especie de nebulosa oscura que bien podía denominarse La Nada.
 
Y pasó el tiempo, medido en magnitudes inimaginables. Los años luz, que no podían concebirse, ya que como hemos dicho, la oscuridad era dueña y señora  de aquella negritud, eran segundos en comparación con los intervalos de tiempo y distancia que separaban a nuestros protagonistas.
 
Pero al fin ocurrió el milagro. Fue tan grande su empeño, tan ciega su fe, que inevitablemente nuestras perfectas formas geométricas se encontraron en medio de aquel lúgubre caos.
Aquella unión fue tan intensa que de inmediato todo comenzó a cambiar. Como si de magia se tratase, aquel mundo de sombras empezó a llenarse de luz y la claridad fue ganando terreno a la oscuridad mientras aquellos dos seres equiláteros, ciegos de amor, se entregaban el uno al otro, inevitablemente, en un delirio de pasión.
Pero no sólo la luz comenzó a hacerse presente en el centro de aquel insólito acontecimiento. Algo aún más asombroso que el mencionado resplandor, había ocurrido segundos antes de la primera luz. Estoy hablando del sonido. En efecto, el encuentro de nuestros triángulos y la consumación de su acto amoroso, generó el primer sonido conocido. En medio del más absoluto de los silencios, aquella vibración emitida desde el epicentro de la estrella que formaban ambas formas entrelazadas, no fue otra que la producida por la emisión de la letra M, al fin y al cabo dos triángulos unidos. Sí, una M larga y continua generada por el inmenso placer que estaba experimentando nuestro femenino protagonista con el contacto y amor real con su compañero.
Esa fue realmente la génesis de todo, el origen de la creación.
Tras ese primer sonido la luminosidad comenzó a invadir el hasta entonces silencioso y negro abismo.
Pero lo más increíble estaba aún por llegar. A medida que los personajes se afanaban más y más en dar y recibir amor, aquella luz iba creciendo emitida desde el corazón de aquella estrella de seis puntas. Y digo bien en singular, ya que en los instantes anteriores al clímax, ambos cuerpos, que ahora tenían luz propia, se habían fundido en uno sólo.
De modo que de aquel nuevo y único ser perfecto, síntesis absoluta de la feminidad y la masculinidad, surgió un estallido descomunal, una explosión sin límite que coincidió con el apasionado y orgásmico final.
Fue pues  cuando fruto de aquel estallido amoroso, surgió el Universo, que fue creciendo y expandiéndose en forma de espiral infinita dando lugar a las galaxias que se a su vez también eran espirales y a las estrellas que se desprendieron en fragmentos, se enfriaron y dieron lugar a los planetas. Y uno de estos planetas resultó ser el Elegido.
Su distancia a la estrella más cercana, el Sol, y su recorrido circular en torno a ella eran tan perfectos que la combinación de elementos gaseosos, líquidos y sólidos formaba un conjunto insólito capaz de albergar algo tan grande, como sorprendente, La Vida.

Coyright Marcos Barcena Borrajo